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Las primeras fotocopiadoras

Las primeras fotocopiadoras

Tras la invención del aparato de reproducción gráfica más importante de todos los tiempos, es decir, la Imprenta de Gutenberg, la necesidad por llevar lo escrito a una cantidad ingente y significativa de personas no hizo más que aumentar, por ello, con la llegada del Siglo XX entendidos en la material mentes curiosas empeñadas en diseñar soluciones crearon novedosas maquinas con las que hacer posible la extensión de ese ‘’sueño’’ llamado imprenta, cuyo producto estuvo hasta entonces, solo reservado a una elite adinerada que podía acceder a estos libros.

Es así como nacen las fotocopiadoras, inspiradas por hombres como Chester Floyd Carlson quien en el año de 1931, inventó un proceso denominado xerografía; proveniente del griego xero, que significa seco, y del original grafos, cuyo significado en español nos habla de la imagen.

Este pionero de la ciencia, de inicios del siglo pasado, descubrió un material fotosensible, el cual se podía cargar de electricidad estática, solo en aquellas zonas en las que se exponía a la luz dando origen a la primera fotocopiadora conocida por la humanidad.

Inspirados en el nombre de este proceso, nació una de las empresas más reconocidas y prestigiosas del ramo, la cual, desde entonces y hasta el día de hoy, muestra verdaderos u significativos avances en el fotocopiado, y sus diferentes técnicas de acción.

Desde entonces, tras arduos y rigurosos estudios, estas máquinas, que al principio trabajaban con muy bajo perfil y que multiplicaban apenas unos cuantos ejemplares, pasaron a reproducir cantidades interminables de documentos escritos en blanco y negro, poniendo en manos de mucho más personas la posibilidad de su lectura.

De esta manera, nació la era moderna en cuanto a las artes gráficas se refiere, disciplina que a partir de estos descubrimientos no ha hecho más crecer, pasando desde ese modesto modo de trabajo a reproducir en diferentes medidas, añadiendo color y textura a lo que en principio era tan solo una escueta forma de hacer una modesta copia de algún grafico o escrito importante.

En este aspecto tenemos que hacer mención de la primera fotocopiadora comercial conocida en el mundo, la cual invadió el mercado en el año de 1959. Se trataba de un aparato muy poco práctico en comparación con los que conocemos a día de hoy.

El artilugio en cuestión pesada unos 300 kilos, y tenía el tamaño de dos lavadoras automáticas juntas, y como lo describen sus propios creadores, esta máquina tenía un hándicap tremendo pues poseía una terrible tendencia al recalentamiento y por tal motivo era imposible utilizarla con frecuencia.

No obstante, y ante las ganas de continuar su investigación y dar más y mejor utilidad a este increíble invento, después de largas jornadas de investigación multidisciplinaria en el año de 196i esta compañía, tras corroborar su papel en el mercado, entro sin vuelta atrás en la era del ‘’xerografico’’ utilizando a su favor la tinta en polvo, y aprovechando el poder de la electricidad estática capaz de imprimir una cantidad de ejemplares, otrora impensable.

De allí en adelante, hablar de estos imprescindibles aparatos es mencionar su entrada en la era digital, evitando ruidos estridentes como solía generarlos en la década de los sesenta, a ocupar mucho menos espacio físico y a aceptar diferentes papeles y gramajes para lograr su cometido.

Dario

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